¿Cómo puede ser que no nos duela quemar lo que nos alimenta?

Bosques, sierras, páramos y cerros cubiertos por pastos de ceniza. Las escenas en Colombia son apocalípticas, con 462 incendios registrados en los primeros 31 días del 2024. Al caminar, al ingresar a redes sociales o al ver el noticiero, se observan columnas de humo colosales que se expanden por los cielos azules intensos y bajo el sol inclemente que brilla sin compasión alguna.

El Fenómeno del Niño ha traído temperaturas inusuales y extremas al país. A pesar de que las autoridades especializadas afirman que el 95% de los incendios forestales son provocados por acciones humanas, el cambio climático ha intensificado estos eventos naturales, haciéndolos más frecuentes y devastadores. El Niño no solo ha evidenciado la falta de preparación de los distintos organismos para enfrentar estas emergencias ambientales, sino que también ha causado daños irreversibles en más de 28 mil hectáreas de vegetación y ha provocado el desplazamiento de miles de especies de fauna nativa.

Es indescriptible el sentimiento que surge al ver a nuestra madre tierra consumida por las llamas. ¿Cómo es posible que la humanidad no honre la tierra que nos sustenta? ¿Cómo podemos ser indiferentes al dolor de destruir lo que nos da vida? ¿Cómo ignorar el lamento de las aves? Brigadistas, Bomberos, Defensa Civil y Fuerza Pública luchan por apagar los focos aún prendidos en las zonas controladas, aplacar las llamas en las montañas que aún arden y evitar con acciones de concientización que nuevas emergencias surjan.

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Pero los incendios son solo una parte del problema. El Niño trae consigo sequías prolongadas en el campo, secando los ríos y poniendo en riesgo la disponibilidad de alimentos. Hoy las familias agricultoras enfrentan incertidumbre antes de sembrar, y muchas observan cómo sus cultivos corren peligro debido a la escasez de agua. El impacto en las zonas rurales podría ser descomunal.

Una vez más,  el Banco de Alimentos de Bogotá ha respondido a la emergencia de manera efectiva. Hasta la fecha, ha distribuido más de 12 toneladas de alimentos, bebidas e insumos tanto a los organismos de socorro como a la comunidad, garantizando así que nadie sufra de necesidades durante este periodo. Adicionalmente, está brindando apoyo a las familias agricultoras con las que colabora en más de 21 municipios del país, asistiéndolas en la movilización de sus productos.

Ante estas oleadas de calor extremas, resulta imposible ignorar las consecuencias del cambio climático. Sin embargo, es también un deber de todos honrar y respetar la tierra que nos sostiene. Esta vez el mensaje es claro:  estar preparados para las emergencias ambientales es fundamental para asegurar el bienestar de todos. En nuestra página web, es fácil ayudar mediante acciones tangibles en esta lucha contra el hambre.