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jueves, junio 20, 2024
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¿Cuál es la verdadera situación de hambre de los niños en Colombia?

El médico Juan Carlos Buitrago, actual gerente general para Colombia de Abaco, nos cuenta en qué consiste la labor de coordinar 25 bancos de alimentos y dice que el hambre no se concentra solamente en los lugares más apartados del país. Además, aconseja cómo todos podemos colaborar.

Admiro mucho esa misión del Banco de Alimentos, desde que conocí al padre Saldarriaga, quien maneja el banco en Bogotá. Pero me imagino que esa red ha crecido mucho… Abaco, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, ya tiene 22 bancos a nivel nacional…

Ya llegamos a 25.


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Entonces resumamos para los lectores, que pocas buenas noticias tienen por estos días, qué es lo que hacen estos 25 bancos de alimentos…

Hay bancos de alimentos en 54 países del mundo. Nos especializamos en el problema de las pérdidas y desperdicios de alimentos. En el mundo se está botando a la caneca la tercera parte de los alimentos que se producen, igual en Colombia. Nos especializamos en salvar alimentos del agro, de supermercados, de la industria, de los hoteles, de casinos, restaurantes, alimentos que todavía no están vencidos, que están buenos; y luego los redistribuimos entre población vulnerable.

¿Cuando muchos alimentos alcanzan su fecha de vencimiento, todavía dan tiempito para ser consumidos sin que ocasionen perjuicios en quienes los consumen?

Sí, pero en Colombia no se pueden rescatar esos alimentos. Aún no está permitido. Pero todos en la casa tenemos alimentos vencidos, las galleticas ¿sí? y uno se las come… En el mundo, hay países que tienen doble fecha de vencimiento: hay una que se llama ‘fecha de caducidad’ y a partir de ahí ya no se puede comer; pero hay una que se llama ‘fecha de consumo preferente’, que es la que trae el empaque señalando que es preferible consumirlo antes de cierta fecha. Y después de ella, en algunos países, se puede donar. Puede que la galleta de pronto ya no sea tan crocante, pero está buena. Aquí, con la sola fecha de vencimiento, ya los bancos no podemos rescatarlos, la ley nos prohíbe tener alimentos vencidos.


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¿Cómo se rescata esa comida que se va a perder?

Le doy el dato de cuánto se pierde en Colombia, para luego decirle cómo la rescatamos. Con la comida que botamos en Colombia cada año podríamos darle de comer tres veces a toda la población de La Guajira, durante 15 años. Con lo que se pierde en un año, podríamos llenar de comida 485.000 tractomulas, de las más grandes. El 40 por ciento de todo lo que se pierde o se bota en la producción agropecuaria sucede en Colombia. Tenemos entonces un programa llamado ‘Recuperación de excedentes agrícolas’. Vamos en camiones, de finca en finca, concientizando a los agricultores de que esos tomates o lechugas se les van a dañar, para que las donen y no las dejen podrir. Al año estamos salvando más de 7.000 toneladas directamente desde el campo.

¿Y cómo es el operativo con supermercados?

Normalmente, los supermercados bajan de la estantería los productos cuando están a 5 o 10 días de que se venzan; o, porque se cae un atún y se abolla un poquito la lata, pero está bueno el atún por dentro, eso ya no lo venden. Nosotros tenemos la logística para ir a los supermercados de este país, Éxito, Olímpica, Cencosud… y rescatar todo lo que no logran vender. Lo mismo con las empresas. Todas las empresas producen más de lo que venden, porque la meta siempre es vender más. Los excedentes que no logran vender Alquería, Alpina, Nutresa… nos llegan a nosotros. Y tenemos una logística para rescatar alimentos también en las centrales de abastos. Aquí en Bogotá, al día estamos en Corabastos rescatando entre 10 y 12 toneladas de alimentos que no se iban a lograr vender. En hoteles, casinos, restaurantes, también. El desayuno bufet de un hotel 5 estrellas es basura a las 10 de la mañana, pero para nosotros esos panes y quesos son un tesoro.

¿Los bancos de alimentos tienen ánimo de lucro?

No. Somos una organización sin ánimo de lucro que tiene logística para rescatar alimentos a diario. Al año estamos rescatando unas 34.000  toneladas de alimentos, y estamos comprando otras 8.000 toneladas con recursos que nos donan miles de colombianos, de a 1.000 pesitos, de a  5.000 que juntamos para comprar esas otras 8.000 toneladas.

¿Cómo es el almacenamiento de esos alimentos? Imagino que tiene muchas exigencias…

Sí señora, a nosotros nos auditan los mismos que auditan a las empresas de alimentos, porque tenemos que cumplir los mismos estándares. Nos auditan las secretarías de salud de todo el país, igual que visitan a las empresas de alimentos. Y tenemos unas auditorías especiales que nos exige la red mundial de bancos de alimentos, con ingenieros de alimentos de las mismas empresas que nos donan, para que tengamos los mejores estándares de inocuidad.


Foto tomada por el Banco de alimentos de Bogotá Equipo de Comuniaciones

¿Y cómo funciona el criterio de a quién distribuirlos?

Los bancos de alimentos no hacemos distribución de manera directa a las personas; es decir, no se puede ir a mercar al banco de alimentos de Bogotá; a nosotros se afilian organizaciones sin ánimo de lucro que atienden población vulnerable. Hoy tenemos en todo el país más de 3.800 parroquias y fundaciones que tienen comedores, que tienen niños, adultos mayores, todas ellas se afilian al banco y nosotros auditamos para garantizar que sí atiendan población vulnerable y que no saquen esos alimentos a una tienda. Entonces, tenemos un sistema para proteger las marcas de los que nos donan. Y hoy, a través de esas 3.800 organizaciones, estamos llegando a 1’164.000 personas vulnerables.

¿Cada mes?

Sí. Los bancos de alimentos somos la red social más grande del país. De un lado estamos articulando a 1.600 empresas que nos ayudan en todo el país, y del otro, a 3.800 organizaciones sin ánimo de lucro; y toda esta red está mejorando la nutrición de 1,1 millones de personas.

Tengo entendido que esto no es un programa solo de la Iglesia, también hay particulares…

Sí señora. En Colombia la iniciativa la ha tenido la Iglesia católica. No pasa así en el mundo, donde los bancos de alimentos son organizaciones sin ánimo de lucro que no tienen el liderazgo de la Iglesia como en Colombia.

De los 25 bancos de alimentos, 23 dependen directamente de las diócesis y arquidiócesis.

¿Y ustedes con el padre Saldarriaga tienen una relación fluida? Porque él es muy pionero…

Sí, la relación es extraordinaria. El Banco de Alimentos de Bogotá es el más grande, más visible, el que más alimentos rescata y más población atiende. Aunque el Banco de Alimentos de Bogotá no fue el primero del país, ese fue el de Medellín hace 25 años, el padre Saldarriaga es un líder clave en esta red de 25 bancos de alimentos.


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No he podido entender cómo hacen para que no se les cuele comida podrida. Para no confundir lo que es comestible con lo que no…

Varias cosas. Como a nosotros nos hacen auditorías, en eso somos expertos. Eso se llama la inocuidad de los alimentos, garantizar que no tengan bacterias, virus… Entonces hay muchas formas de hacer eso.

Uno, cuando el alimento viene directamente de la industria es muy fácil, porque allí lo sacan de su planta, nosotros lo recibimos y ahí no hay mayor confusión… Para que su producto se venda en un supermercado lo tienen que mandar con tres, cuatro, cinco meses antes de fecha de vencimiento, pero cuando ya les queda un mes o 20 días, ya no lo pueden sacar a una tienda o a otro canal de ventas; y entonces nos llaman a nosotros y vamos y lo rescatamos. Eso es un poquito más difícil cuando ya el alimento viene de un supermercado. Lo colocan junto con otros en una caja, entonces lo primero que hacemos es una revisión de las fechas de vencimiento, porque lo que está vencido se va para un lado, no lo podemos siquiera tener almacenado.

Cuando tenemos dudas, porque algún empaque está abierto, contamos con una empresa que se llama Asebiol que nos dona todos los exámenes microbiológicos para saber que ese alimento sí está inocuo. Pero sobre todo los que son, por ejemplo, alimentos cárnicos, ya traen unos signos que sugieren que ese alimento no está bueno, por ejemplo, cuando la bolsa se infla. Pero para conservar los cárnicos tenemos toda la logística para garantizar la cadena de frío.

Y ya de las frutas y vegetales ahí sí se hace lo que se llama una revisión organoeléctrica y se mira cuáles están muy maduros o han cambiado de color. Cuando es necesario, mandamos a hacer exámenes para descartar bacterias o virus.

¿Cuál es la realidad del hambre de la niñez en Colombia?

Este año han muerto en Colombia 85 menores de 5 años por causas asociadas a la desnutrición y a 9.173 niños se les ha diagnosticado desnutrición aguda. Pero la cifra que más aterra son los 392.000 menores de 5 años con desnutrición crónica, lo cual –está demostrado– les deja el cerebro más pequeño, van a tener 14 puntos menos de coeficiente intelectual, 5 años menos de escolaridad y 64 por ciento menos ingresos en su vida adulta.

¿Y la mayoría están en La Guajira?

Eso pensamos, pero no. Por ejemplo, de los 392.000 niños con desnutrición crónica, cerca de 60.000 están en Bogotá; 46.000 en Antioquia y 28.000 en La Guajira. Entonces, el problema del hambre en Colombia no es de comunidades lejanas muy vulnerables. Está en todo el país, por eso debemos juntarnos todos en este esfuerzo.


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¿Y en cuanto a los adultos?

Hoy, 11,7 millones de personas están bajando la calidad de lo que comen, saltándose comidas, pidiendo alimentos prestados o endeudándose para adquirirlos. 12,9 millones de personas no están logrando acceder a alimentos nutritivos todos los días, no logran comer frutas y verduras todos los días y nunca, o casi nunca, comen carne.

¿Cómo puede un hogar, ya no una empresa, ayudar al Banco de Alimentos?

De muchas formas. Los bancos de alimentos siempre necesitamos alimentos, tiempo o dinero, en términos generales. Entonces hay familias que dicen ‘yo quiero colaborar con el voluntariado’ y, de hecho, el 63 por ciento de las personas que hoy ayudan en los bancos de alimentos son voluntarios. Pura filantropía. Familias que van y nos ayudan a clasificar, a empacar, hay unos que montan, otros que desmontan de los camiones que llegan con alimentos; hacen entre las familias colectas y llegan con arroz, con arveja. O hay familias que dicen ‘yo voy a apadrinar a unos niños del comedor de La Guajira’, o de diferentes partes, y hacen donaciones en dinero.

¿Qué otras labores realiza el Banco de Alimentos?

Aunque nos llamamos Banco de Alimentos, nosotros salvamos cualquier producto apto para el uso o consumo humano, como ropa. Acabamos de inaugurar El Vestier de Dios, en Cali, un local con pura ropa donada donde familias vulnerables se abastecen. Salvamos juguetes, útiles escolares, implementos de aseo. Porque las familias vulnerables necesitan todo. En La Guajira, otro ejemplo, tenemos un programa de emprendimiento con mujeres wayús; para que cosan mejores mochilas les ayudamos a mejorar la calidad de los tejidos; hacemos un encadenamiento productivo para que tengan más ingresos, porque cuando ellas venden una mochila allá en La Guajira no les pagan nada, entonces ayudamos a que dignamente tengan un mercado donde les paguen precios justos. En esas comunidades montamos comedores comunitarios, les estamos montando huertas… Bueno. Tenemos programas de emprendimiento en todo el país además con migrantes.

¿Usted cómo llegó a este cargo, que es como un apostolado?

Soy médico y muy joven empecé como jefe en un hospital en Medellín. En ese momento, el alcalde de la ciudad me pidió que gerenciara un programa que se llama ‘Buen comienzo’, dedicado a la primera infancia. Luego el electo gobernador de Antioquia Sergio Fajardo me encargó montar ‘Buen comienzo’ en todo Antioquia. Después me llamó el presidente Santos a pedirme que le ayudara con la estrategia ‘De cero a siempre’. De ella fui el director, en el ICBF, con un presupuesto de 4,2 billones de pesos; o sea, yo era la persona que manejaba el presupuesto más grande en un proyecto social en el país. Cuando ya Santos estaba terminando su gobierno yo me dije: salgo corriendo de aquí porque este es el puesto que quiere todo el mundo. Empecé a mandar hojas de vida, y terminé en el Banco de Alimentos, ya hace seis años. Termino contándole que estamos impulsando un proyecto de ley, va para Comisión Tercera del Senado la próxima semana, porque hoy en Colombia es más beneficioso botar que donar comida. Si una empresa bota, terminan descontándole 35 por ciento del valor a costo del producto, y si dona, se le descuenta el 25 por ciento.

Entonces trataremos de subir el beneficio tributario, del 25 al 40 por ciento, para que sea más beneficioso donar que botar.


Fortalecer el agro para derrotar el hambre
Programa de recuperación de excedentes agrícolas – Foto tomada por: Banco de alimentos de Bogotá equipo de comunicaciones

Pues lo felicito por lograr que funcione un proyecto tan bonito en un país donde casi nada funciona. ¿Qué mensaje quiere dejarle al país?

Dos o tres. Que mejorar la situación del hambre es responsabilidad de todos. El Gobierno solo no puede. Las empresas solas no pueden. Las ONG no podemos solas. Acá hay responsabilidad de todos los sectores y de todos los colombianos. Todos podemos ayudar, desde algo tan sencillo como no botar comida. Y que todos los que puedan hacer donaciones en dinero nos ayuden, pues con las que nos llegan estamos comprando 8.000 toneladas de lo que nunca nos llega en donación, como fríjol, arveja, lenteja, garbanzo. Y, la tercera solicitud, pues que si pueden, donen también su tiempo. Necesitamos inteligencia, creatividad y talento para que ayudemos a cambiar este mundo.

SourceEl Tiempo
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