Guerra, cambio climático e inflación: una bomba que traerá más hambre

The Economist, uno de los medios de comunicación más importantes del mundo, publicó un informe especial sobre la catástrofe del hambre que se avecina. Pone sobre la mesa tres alarmas que pueden llevarnos hacia un declive mundial en temas de seguridad alimentaria: la guerra, el cambio climático y la inflación en los precios de los alimentos.

La guerra entre Ucrania y Rusia está golpeando un sistema alimentario global debilitado por el covid-19, el cambio climático y un shock energético. Por parte de Ucrania las exportaciones de los cereales y las semillas oleaginosas se han detenido en su mayoría y las de Rusia están amenazadas. Juntos,  suministran el 28% del mercado mundial de trigo comercializado, 29% de la cebada, 15% del maíz y 75% del aceite de girasol. Los precios del trigo, que subieron un 53% desde principios de año, subieron un poco más de 6% el 16 de mayo, después de que India dijera que suspende las exportaciones debido a una alarmante ola de calor.

Si el comercio se detiene, se producirá la hambruna. El escenario está preparado para un juego de culpas, en el que Occidente condena a Rusia por su invasión y Rusia condena a Occidente por las sanciones. El argumento podría convertirse fácilmente en una excusa para la inacción. Mientras tanto mucha gente pasará hambre y algunos con seguridad  morirán.

Por otro lado, el cambio climático está empezando a arrasar con la vida de millones de personas. China, el más grande productor de trigo, ha dicho que, luego de que las lluvias retrasaron la siembra, esta cosecha puede ser la peor de su historia. Ahora,  las temperaturas extremas en India, el segundo mayor productor mundial, amenazan con mermar los rendimientos en otros graneros en América y Francia y el Cuerno de África está siendo devastado por su peor sequía en cuatro décadas. 

La crisis amenaza con empeorar. Antonio Guterres, secretario general de la ONU, advirtió el 18 de mayo que en los próximos meses será inminente la aparición de  “el espectro de una escasez mundial de alimentos” que podría durar años. El alto costo de los alimentos básicos va a hacer que se pase de 440 millones de personas a 1.600 millones de personas que no tendrán como adquirir provisiones y cerca de 250 millones están al borde de una hambruna. Incluso antes de la invasión de Rusia a Ukrania, el Programa Mundial de Alimentos advirtió que 2022 sería un año terrible.

El hambre es un fenómeno que siempre nos ha puesto contra la pared como sociedad. Tanto líderes mundiales como personas del común tenemos una responsabilidad que no da espera. Son centenares de vidas las que hoy están en riesgo y solo unidos con el esfuerzo y generosidad de todos podremos garantizar que “la alimentación sea un derecho y no un privilegio”.

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