En Colombia también tenemos una ciudad que no duerme, se llama Corabastos y está ubicada al suroccidente de la capital. Los siete días de la semana las veinticuatro horas del día, hay actividad en el corazón que abastece de comida al país y el Banco de Alimentos de Bogotá ha llegado hasta aquí para involucrarse en el día a día de las cientos de familias que rescatando alimentos, llegan a sus casas con la satisfacción de ayudar a salvar vidas.

El Banco de Alimentos de Bogotá cumplió el pasado 22 de agosto, 17 años de luchar “Juntos contra el Hambre”, y en la tercera Central de Abastos más grande de Latinoamérica, completará el 27 de enero de 2019, tres años de salvar alimentos para llevarlos hasta las comunidades más vulnerables de Bogotá.

Desde el año 2011 el Banco de Alimentos encargó a varias personas la labor de llegar hasta Corabastos “porque la oportunidad de rescatar alimentos era inmensa: había suficiente comida, los comerciantes no sabían qué hacer con los productos que no podían comercializar, el trato con los potenciales donantes era directo y lo mejor, toda esta dinámica estaba concentrada en el mismo lugar”, según Josefina Nonato, quien cuenta que allí empezaron a regarse las primeras semillas, pero fue hasta enero de 2016, cuando ella asumió la coordinación del Centro de Acopio: las puertas de Corabastos fueron abiertas para el Banco de Alimentos de Bogotá.

Josefina recuerda cómo esos primeros meses de trabajo requirieron heroísmo y resiliencia ante los mundos tan particulares que conviven en lo que ahora define como su segundo hogar. Fueron meses de insistencia, de largos recorridos, de prueba y error, pero esencialmente, de muchas ganas de rescatar comida para salvar vidas. Para Josefina el lema ‘Alimentar más, desperdiciar menos’ se convirtió en su insignia de vida y desde entonces llega al Centro de Acopio a las 6 de la mañana todos los días de lunes a sábado, a cumplir su misión de conseguir que haya menos comida en los contenedores de basura y más comida en los comedores.

El Centro de Acopio del Banco de Alimentos en Corabastos cuenta con un equipo de más de 10 personas entre las que se encuentran 8 jóvenes auxiliares de bodega, una profesional en mercadeo y encargada de la gestión de donantes, y dos estudiantes que realizan sus prácticas profesionales de Administración de Empresas y Comunicación Social, y Josefina Nonato, quien lidera el equipo. Para varios de estos jóvenes que además, se encuentran realizando sus carreras tecnológicas y profesionales en la jornada nocturna, en el Centro de Acopio no hay un equipo de trabajo sino una familia que trabaja para que ninguna persona pase hambre en Bogotá: son carismáticos, respetuosos, responsables y con un sentido de pertenencia que se evidencia en la buena relación que han conseguido con los donantes, en la comprensión que han hecho de que el trabajo debe hacernos felices y en consecuencia, en los 8.000 kilogramos de comida que en promedio logran rescatar diariamente.
Algunos de ellos, llevan más de un año en este trabajo, excepto Daniel Felipe Romero que ha estado prácticamente desde los inicios del Centro de Acopio.
“Aquí tocó contarles la historia del Banco, uno a uno, persona a persona. Les contábamos qué hacíamos con la comida, a quiénes íbamos a beneficiar; todo esto, en cortos momentos porque aquí los comerciantes tienen un ritmo de vida muy rápido. Sólo tienes un minuto para convencerlos.”, cuenta Daniel a cerca de su experiencia en esos primeros meses del Centro de Acopio en Corabastos. También comenta que por él nadie apostaba, pues esta labor entre otras exigencias, requiere tener un buen estado físico, fuerza y resistencia, y por su contextura tan delgada, su permanencia en el trabajo iba a ser corta pero sus logros en el trabajo han demostrado lo contrario.

La Central de Abastos de Bogotá cuenta con 420.000 metros cuadrados, que perfectamente hace alarde de ciudad: tiene su propia zona rosa, hay bancos, restaurantes, oficinas, papelerías, venta de ropa, concesionarios y hasta estación de policía. Javier Garnica, auxiliar de bodega, nunca había visitado Corabastos y su primera impresión fue que este trabajo iba a ser muy difícil, “porque uno se sentía perdido y asustado entre tanta gente y entre tanto ruido”.
Todos están convencidos de que es una labor que hacen desde el corazón y a pesar de las muchas adversidades como el rigor del sol o la impiedad de la lluvia, pues las distancias son largas y el clima es incierto; se trasladan hasta cada bodega a recibir desde una canastilla en adelante con un vehículo de tracción humana o conocido en este medio como ‘zorras’ que sobrepasan los 200 kilogramos de peso sin incluir el peso de las canastillas. En un recorrido se suman unos 400 kilogramos más y el traslado hasta el Centro de Acopio se hace más complejo. Por otro lado, la comunicación con los donantes activos y los potenciales donantes exige un manejo asertivo, una comprensión de sus estados de ánimo, de su humor por las ganancias o pérdidas del día; sumado al tráfico y la caótica movilidad que hace menos ágil el trabajo, señalan los colaboradores del Banco en el Centro de Acopio.

No ha sido una labor sencilla pero ver los resultados genera una motivación que todo lo puede. Al principio, según recuerda Josefina, la recogida de los productos para ser llevados hasta el Banco de Alimentos en la calle 19ª #32-50 del barrio Cundinamarca, se hacía en una camioneta gris a la que le cabían 18 canastillas aproximadamente y hoy suelen enviarse dos viajes diarios en camión al que cargan con aproximadamente 250 canastillas.
Este equipo de 10 personas en cabeza del Padre Daniel Saldarriaga Molina, se juega el todo por el todo en esta misión de rescate. Al finalizar el 2016 el Centro de Acopio del Banco de Alimentos de Bogotá logró recolectar 748.000 kilogramos, 1’575.000 kilogramos para 2017 y hasta la fecha, 1’476.000 kilogramos, ¡y van por más!.
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