¿Qué es el fenómeno del niño?
El fenómeno del Niño es un evento de variabilidad climática provocado por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico. Este fenómeno suele estar asociado con la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas en diferentes regiones del mundo, generando periodos más secos de lo habitual. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las condiciones asociadas a este fenómeno ya comienzan a manifestarse y existe la posibilidad de que su intensidad aumente en los próximos meses, lo que podría traer importantes repercusiones para la disponibilidad de agua, la producción agrícola y la seguridad alimentaria.
Además, el Centro de Predicción Climática de la NOAA ha advertido sobre la posibilidad de que las condiciones actuales evolucionen hacia un evento de mayor intensidad, conocido popularmente como “Super Niño”. De confirmarse este escenario, los impactos asociados a las altas temperaturas y la disminución de las lluvias podrían ser aún más significativos en distintas regiones del mundo.
¿Qué ocurre cuando se presenta el fenómeno del niño?
Uno de los principales efectos del fenómeno del Niño es el aumento de la temperatura global y la alteración de los patrones climáticos. Aunque sus consecuencias varían según la región, en América del Sur suele manifestarse con la disminución de lluvias y periodos prolongados de sequía, afectando diferentes aspectos de la vida cotidiana.
Sin embargo, una de las mayores afectaciones se presenta en el campo. La escasez de lluvias reduce la humedad del suelo y dificulta el desarrollo de los cultivos, provocando pérdidas antes de que estos puedan ser cosechados. Además, la disminución de las precipitaciones reduce los caudales de ríos y embalses, afectando la disponibilidad de agua para el consumo humano, las actividades agrícolas y las comunidades rurales. De igual manera, el ganado puede verse perjudicado por la falta de agua y de pastos para su alimentación. Estas condiciones generan impactos económicos para los productores y pueden repercutir en la disponibilidad de alimentos, incrementando el riesgo de inseguridad alimentaria para miles de familias.
Por ello, el secretario general de la ONU, Antonio Guterrez, lanzó una advertencia y un llamado a tomar precauciones desde ya con el uso eficiente de recursos como el agua y la energía. También, a reservar agua para cultivos y aumentar el uso de energías renovables.
¿Cómo nos preparamos para enfrentar este reto?
Las estrategias para mitigar los efectos del fenómeno del Niño ya han comenzado. Desde las entidades gubernamentales se han puesto en marcha acciones orientadas al ahorro de agua, la prevención de emergencias y la protección de los recursos naturales.
Sin embargo, nuestra experiencia nos ha demostrado que enfrentar este tipo de desafíos requiere mucho más que medidas institucionales: requiere del compromiso de toda la sociedad.
En el Banco de Alimentos de Bogotá vemos cada día cómo el trabajo conjunto entre empresas, agricultores, donantes, voluntarios y organizaciones sociales puede marcar la diferencia en la vida de miles de personas. Gracias a esta cadena de solidaridad, recuperamos alimentos que aún pueden alimentar, rescatamos excedentes agrícolas que de otra manera se perderían y los transformamos en oportunidades para quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad.
Cuando fenómenos climáticos como El Niño afectan las cosechas, disminuyen la disponibilidad de agua y ponen en riesgo la producción de alimentos, fortalecer estas redes de apoyo se vuelve más importante que nunca. Cada donación, cada alimento recuperado y cada aliado que se suma nos ayuda a seguir llevando nutrición y bienestar a miles de familias.
Por eso, frente a los desafíos del clima, la mejor respuesta sigue siendo la generosidad.





