Nutrición Integral y su reto por reducir la desnutrición infantil
En Colombia, la desnutrición infantil no es solo una cifra, es una alerta permanente. Desde 2016, el estado la vigila como un indicador crítico a través de los boletines epidemiológicos semanales del Instituto Nacional de Salud (INS), que permiten dimensionar el alcance de esta problemática.
Pero la desnutrición no actúa sola. Sus efectos se agravan al abrir la puerta a otras enfermedades. Según la revista The Lancet Respiratory Medicine, los niños desnutridos enfrentan mayores cargas virales y estancias hospitalarias más prolongadas cuando padecen infecciones respiratorias.
En muchos casos, el único alimento que reciben los niños durante el día es el que les brinda el colegio. Cuando ese acceso falla, no solo se interrumpe una rutina: se compromete su desarrollo, su salud y su futuro.
Frente a este panorama, entender estas realidades no es opcional: es el punto de partida para diseñar soluciones. Así nace el programa Nutrición Integral, como una respuesta concreta para combatir la inseguridad alimentaria y la desnutrición infantil.

¿Qué es Nutrición Integral?
Nuestro programa “Nutrición Integral” se ha consolidado como una estrategia para reducir la desnutrición infantil. Actualmente, articula 11 organizaciones, beneficia a 967 niños, niñas y adolescentes, y ha entregado más de 62.840 raciones alimentarias.
El programa de Nutrición Integral tiene 3 componentes fundamentales para garantizar no solo alimentación, también seguimiento, acompañamiento y educación alimentaria.
- Alimentación: Se basa en una minuta diseñada por nutricionistas que contempla cinco tiempos de comida: desayuno, almuerzo, cena y dos refrigerios. Cada preparación cumple con los requerimientos nutricionales necesarios para el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes. Además, incorpora recetas tradicionales que preservan la cultura y la identidad de las comunidades.
- Seguimiento y monitoreo nutricional: A través de mediciones antropométricas (como peso, talla y perímetros corporales) se identifican las condiciones nutricionales de cada comunidad. Estos datos se procesan mediante un software de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que permite obtener diagnósticos precisos y tomar decisiones informadas. Este monitoreo se realiza tres veces al año.
- Educación alimentaria y nutricional: Más allá de entregar alimentos, el programa busca transformar hábitos. Cada 15 días se realizan capacitaciones sobre prácticas alimentarias, necesidades básicas y nutrición. Además, se hace seguimiento al manejo adecuado de los alimentos y al uso de elementos de protección, garantizando su correcta preparación.



El reto de adaptarse
Detrás de cada ración entregada y cada medición realizada, hay un trabajo silencioso que ocurre en el territorio. No siempre es visible en las cifras, pero es allí donde realmente se entiende la magnitud del problema.
María Paz Ángel, nutricionista del programa y encargada de diseñar las minutas, realizar visitas y monitorear a las organizaciones aliadas, lo resume desde su experiencia en acción:
“Cuando tú vas al campo, te encuentras con una realidad totalmente diferente”
Esta “realidad diferente” no es lejana ni ajena. Está en territorios donde el acceso a los alimentos sigue siendo limitado, donde las cifras se convierten en historias y donde cada intervención puede marcar la diferencia entre el desarrollo y la vulnerabilidad.
En ese contexto, el trabajo del programa Nutrición Integral no solo responde a una necesidad inmediata, sino que plantea una apuesta a largo plazo. Formar hábitos, fortalecer comunidades y garantizar el futuro de muchos niños, jóvenes y adolescentes.






